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domingo, 7 de noviembre de 2010

El hospital de los ahogados


Siempre hemos escuchado que el rio Guadalquivir , llamado en epoca romana "Betis" y en epoca ibera " Certir",tambien ha tenido otros nombres como Circem, Persi, Tartesos, Betsí, e incluso hasta Thuria, a llegar a Guadalquivir, y
cuya traduccion del arabe significa " Rio Grande", era navegable hasta la ciudad de Hispalis( Sevilla), y desde esta hasta Cordoba se debian utilizar barcos de calado inferior porque la travesia ya era mas dificultosa.Han habido articulistas que se han atrevido incluso a hablar de las distintas ubicaciones que han tenido los diferentes puertos en las distintas epocas.Lo que parece cierto es que sin duda debio existir una gran efervescencia en el rio, incluso de tal magnitud que existio un cementerio concreto a donde se llevaban las victimas de los ahogamientos en este. A continuacion extracto una descripcion de este antiguo "tanatos-hospital", relacionado en el paseos por Córdoba.

A un lado del Palacio Episcopal, entre el seminario de San Pelagio y las oficinas o fielato de la Puerta del Puente, antigua aduana, se eleva un suntuoso monumento dedicado a San Rafael a expensas del ya nombrado obispo don Martín de Barcia. Antes de describirlo en todas sus partes nos parece oportuno dar a conocer cuanto hemos podido averiguar acerca de su historia, con los datos sueltos encontrados y con los muchos que nos suministra el folleto escrito por el presbítero don Gregorio Pérez e impreso en casa de Andrés de Sotos, calle de Bordadores, en Madrid, año 1782.

Al hablar en el barrio de la Magdalena de las muchas epidemias que han afligido a Córdoba, y al hacer la historia del convento de la Merced, hoy Casa de Socorro Hospicio, nos ocupamos ligeramente del contagio del año 1278, de la aparición de San Rafael al venerable Simón de Sousa en el convento de la Merced y del encargo del Arcángel por el obispo don Pascual sobre la colocación de su imagen en la torre de la Santa Iglesia.

Pues bien, aquel fue el motivo para que este prelado -cuyo apellido y demás circunstancias no anotan los autores, si bien le dan gran fama de virtudes y santidad- concibiese y realizase el pensamiento de fundar un hospital para el socorro y asistencia de los pobres contagiados. Dedicolo a la Virgen María en una imagen pintada al fresco que después estuvo sobre la puerta de la iglesia y aún existe en una de las capillas de la Catedral, donde llamaremos la atención de nuestros lectores.

Este fue el primer hospital que tuvo Córdoba después de la reconquista y donde se dio sepultura a su caritativo fundador, que lo dejó dotado, si no con tantos bienes que pudieran bastar a las necesidades de una población tan numerosa. Otra epidemia mayor, la de 1363, evidenció esta verdad, y el Cabildo proyectó entonces, llevándolo a cabo en poco tiempo, el hospital de San Sebastián, en unas casas que llamaban del Lavatorio y en cuyo solar se hizo después el mesón del Sol aún existente, dando nombre a la calle donde está situado.

La poca importancia del primero, ya conocido por el de los Ahogados, porque a él conducían los cadáveres de los infelices víctimas de sus descuidos o imprudencias en las aguas del Guadalquivir, y los embates de éste, iban arruinándolo, en cuyo triste estado encontrábase, según memorias, en el año 1470.
De hospital a Cementerio de pobres

En esta época de grandes trastornos en Córdoba por las cuestiones ya contadas en esta obra entre el obispo Solier y don Alonso de Aguilar, ausente el primero, el Cabildo eclesiástico, viendo abandonado y casi hundido el hospital, dispuso cerrarlo con una tapia y establecer en él el cementerio de los pobres que fallecían en el de San Sebastián, entonces el mejor con que contaban los cordobeses. Conservose, sin embargo, la iglesia con sus imágenes, altares y alhajas, llegando así hasta el primer tercio del siglo XVIII, pues siendo tal vez la parte más fuerte del edificio resistió las avenidas del río y entre ellas la mayor, o sea la de 1481, que derribó casi la totalidad de aquel hospital.

Por este tiempo o pocos años después sacaron de aquel sitio el sepulcro del fundador y colocaron los restos en el muro del coro antiguo de la Santa Iglesia Catedral. Después los trasladaron a la capilla mayor nueva, y permanece bajo el órgano antiguo, con una inscripción que en 1607 hizo poner el obispo don Diego Mardones.

Concluimos el siglo XV y entramos en el XVI con el hospital de los Ahogados o de Nuestra Señora de la Guía, nombre que tomó la imagen referida desde el día de la batalla del Campo de la Verdad, convertido en cementerio de los pobres muertos en el de San Sebastián, si bien conservándose la iglesia como una ermita. En 1515 el obispo don Martín Fernández de Angulo agregó del todo el primero al segundo, inclusas las alhajas y objetos del culto. Entonces fue cuando quedaría la Virgen sobre el muro de fachada, permaneciendo así hasta nuestros días, porque el interior de la iglesia se destinó a graneros de la Fábrica de la Catedral y el resto del solar siguió de cementerio hasta 1593, que se concedió terreno para este objeto dentro del mismo hospital de San Sebastián, quedando aquel sitio convertido en un corral cercado, donde se fundían las campanas y efectuaban otras operaciones de las dependencias del Cabildo y de palacio.

Mas no le bastó esto para que lo fuesen también abandonando, hasta que la Ciudad se incautó del terreno y, pasados muchos años, perdidas las memorias del hospital y de quiénes eran sus propietarios, la vendiese al seminario de San Pelagio para la ampliación del mismo en 1735, que empezaron a abrir cimientos para caballerizas y otras oficinas. Mas viendo la multitud de restos humanos que exhumaban se concretaron a tomar sólo una parte, o sean los miradores que tiene el colegio hacia el río, dejando la restante, o sea lo ocupado actualmente por el paseo del Triunfo.

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