Buscar este blog

Cargando...
Loading...

viernes, 17 de mayo de 2013

El reglamento taurino de 1851, el mas antiguo de Córdoba.

          En el archivo municipal de la capital cordobesa, en el Doc 17, AH 13.02.01.03, localizamos el reglamento para las funciones de toros que se han de celebrar en Córdoba. A continuación lo transcribiré tal y como los legajos lo presentan:

De la Empresa:

           No se venderán mas entradas que para el numero de personas que puedan colocarse en la plaza, a las que no quepan y presenten sus billetes se les revolverá el valor el valor de ellos, y además pagara la empresa la vuelta a que con arreglo a los casos y circunstancias diese lugar, sin perjuicio de las demás responsabilidades con sujeción a la ley.
         Se reservaran en los tendidos de sombra los sitios suficientes para colocar a cien hombres de tropa destinados a la conservacion del orden publico, los guardias civiles, municipales y empleados de seguridad publica tendrán entrada franca.
         Habrá para el servicio de la plaza un numero suficiente de mozos con una señal muy marcada que los distinga, algunos tendrán en las manos las banderillas y los demás que se ocupen del servicio interior, estarán vestidos con decencia y con su chaqueta puesta, lo contrario sera castigado con veinte reales de multa a la empresa por cada uno y dos días de cárcel al mozo infractor.
         El día anterior a cada función existiran en la cuadra un numero de caballos que no bajara de veinte, y con siete cuartas y un dedo lo menos de alzada, y la fuerza suficiente al objeto que se determine. Si practicado el reconocimiento de ellos por la autoridad competente, resultasen algunos inútiles deberá la empresa presentar otros antes del día siguiente, y en su defecto pagara la multa de 500 reales por el que deje de estar presentado. Las monturas y demás arreos deberán hallarse en buen estado y con la decencia correspondiente.

          Cuarenta y ocho horas antes de cada función se presentaran a la autoridad para su reconocimiento cuatro decenas de pares de banderillas comunes y veinte pares de fuego, dieciséis garrochas, y todo deberá estar en el mejor estado, especialmente las garrochas con las puyas arregladas a la manera que pida la estación prevista, los entorpecimientos que en otro caso pudieran originarse y que la empresa esta obligado a llamar.
          Los toros que han de lidiarse deberán tener las mismas marcas de las ganaderías a que pertenezcan y según el anuncio no bajaran de cuatro años, ni pasaran de ocho, ni serán tuertos, ni hormigones de ambos cuernos, ni estar defectuosos de cabeza que deban ser rechazados a juicio de la autoridad. Las faltas de estas condiciones serán penadas cada una con la multa de 500 reales.. Si se justifica que algún toro ha recibido golpe de tablón u otro daño para debilitar sus fuerzas, pagara la empresa 500 reales de multa.
Con todo objeto queda a juicio de la autoridad el nombramiento de una comisión que intervenga todas las operaciones de este departamento, a cuyas ordenes estará el citado celador.
           Un cuarto de hora antes de empezar la función estará el pavimento completamente regado, sin baches ni piedras que puedan molestar a los lidiadores en su ejercicio.
Durante la función habrá en cada uno de los cuatro ángulos de la plaza, dos hombres con seis espuertas llenas de tierra y una vacía, con objeto las primeras de cubrir en el momento la sangre y recoger los caballos y toros, y la segunda para recoger los despojos de aquellos. Estas operaciones se verificaran sin perdida de momento, tal luego como le permita la posición del toro. Habrá además otro mozo en cada una de dichas puertas destinadas a recoger los caballos heridos, dar estribos, garrochas y auxiliar a los picadores, proporcionándoles o prohibiendoles que vayan detrás castigando los caballos. El mozo que desempeñe con morosidad este servicio o infrinja mencionadas disposiciones, sufrirá dos días encarcelado.
           Estarán prontos los que hayan de servir para enlazar para enlazar los toros y caballos muertos, procurando que el servicio de arrastre sea con la mayor velocidad, de modo que al caer el toro muerto entren las mulas en la plaza, sacando primero los caballos y después el toro, si hubiese detención en ello, o no volver cuantas veces sea necesario, pagara la empresa por cada demora cien reales de multa.
           Hasta que corra el ultimo toro habrá en el patio de la cuadra constantemente seis caballos anillados con brida, de manera que al llegar el picador no encuentre entorpecimiento para volver a salir, las faltas de esta prevision serán castigadas con 300 reales de multa.
Se cuidara eficazmente de que el botiquín este surtido de los medicamentos indispensables al objeto, así de que el medico y el sangrador asistan puntualmente y con los títulos de su profesión y en caso de no ser de los matriculados de esta ciudad, a la hora de empezar la lidia, permanezcan hasta que se retire la autoridad.
          Cualquier falta en la observancia de este articulo sera castigado severamente según la gravedad del caso.

De los lidiadores a caballo

          Los picadores deben obligar al toro para que entre a la suerte las mas veces posible y por cada vez que el falte a este deber recibirá la multa de cien reales y ocho días de cárcel.
         Están obligados a salir hasta los tercios de la plaza. Faltando esto pagaran 200 reales de multa o sufrirán quince días de cárcel.
          Picaran por turno riguroso, una sola vez y solo en el caso de recargar el toro podrán darle uno o mas puyazos.
         Cuando por ser un toro boyante y blando se empeñen en picarlo fuera de turno, como sucede frecuentemente, sufrirán la multa de cuarenta reales por cada vara que le pongan sin corresponderle.
Cualquiera que con intención conocida pique en la ternilla de las narices pagara cien reales o sufrirá ocho días de cárcel.
        Igual pena sufrirá el que vaya a picar al toro estando haciéndolo el del turno.
        Ningún picador hará desmontar a otro en el redondel, pues todos deben salir montados desde la cuadra, en su defecto serán penados con cuarenta reales de multa.
Inmediato a la puerta de salida de los caballos estará el primer picador de reserva montado, y el segundo en el patio de cuadra, donde habrá preparados como se ha dicho en el articulo 10, seis caballos con silla y brida, para que en el momento de perder el suyo, cualquiera de los que estén a turno pueda salir el primero a ocupar su lugar hasta que aquel vuelva. Si fueran dos los picadores desmontados saldrán al momento el segundo de reserva, de modo que cualquiera que comenta la infracción en ste servicio sera castigado con ocho días de cárcel o cien reales de multa.
         El primer espada cuidara de que en la plaza hayan constantemente tres picadores, deben siempre ir a los estribos, pero sin permitir que le tiendan el capote al toro hasta que con el haga la suerte o llegue al caballo.
         No se capearan los toros mientras se estén picando, a menos que la autoridad lo permita, ni se les darán recortes ni galleos para quebrantarlos o cortarle las piernas. El que falte a estas pretensiones sufrirá la multa de cien reales.
        Igualmente se le exigirá al primer espada por cada vez que a la salida del toro vaya a la salida del toril, cualquiera persona que corresponda o no  a las cuadrillas , que puedan viciar la salida natural de aquel.
        También cuidara aquel primer espada de que al poner las banderillas se observe el orden de antiguedad o merito establecido, sin permitir que el segundo de la pareja, que este en turno se anticipe al primero, excepto en el caso de que este haya hecho una salida falsa.

            Tampoco permitirá que se las banderillas de fuego , mientras no vea ondear por la autoridad el pañuelo encarnado.
           En los actos de matar el toro se cumplira lo ofrecido en los carteles de anuncio, sin permitir descabellarlos salvo en caso que las circunstancias lo hagan necesario, ni se cambiara el turno entre las espadas, ni pedirán  estas autorización para que mate ninguno, podrán sufrir las cuadrillas la multa de 200 reales o quince días de cárcel por cualquier infracción..
          Si la autoridad considerase oportuno el que se mate al toro con el auxilio de la media luna en el momento de tocarse el clarín, se retirara el matador del toro, pues de lo contrario pagara 200 reales de multa.
         Cualquier individuo de la cuadrilla de lidiadores o mozos que en en redondillo pinchase al toro en los hijares o en la medula de la espina, pagara 300 reales de multa y sufrirá 15 días de cárcel, pues el rejonillo solo podrán cuando el puntillero después de caer o hechar el toro.
        Cualquier infracción de estas disposiciones se agravara la pena por reincidencia o desagradables consecuencias que puedan tener la falta de cumplimiento de estas prevenciones, como también se atenuara según las circunstancias a juicio de la autoridad, que da facultad para resolver los casos y sus presentes.
                                                   Córdoba a 3 de junio de 1851
                                                               El Alcalde
                                                           Juan R Modenes

miércoles, 2 de enero de 2013

Córdoba y al-Andalus, según un viajero -Ibn Hawqal-, en la segunda mitad del siglo X

Segun"anales de la cordoba musulmana", de Arjona castro, en su documento núm. 164 961 "La ciudad más grande de al-Andalus es Córdoba, que no tiene su equivalencia en el Magreb, más que en la Alta Mesopotamia, Siria o Egipto, por la cifra de población, la extensión de su superficie, el gran espacio ocupado por los mercados, la limpieza de los lugares, la arquitectura de la mezquita, el gran número de baños y posadas. Varios viajeros originarios de esta ciudad, que han visitado Bagdad, dicen que ella equivale a uno de los barrios de la ciudad mesopotámica. El señor de esta capital, ‘Abd al-Rahman ibn Muhammad, fundó al oeste de Córdoba una ciudad que llamó Zahra’, sobre el flanco de una montaña rocosa de superficie lisa, llamada Yabal Batlash; él trazó allí mercados, hizo construir baños, caravasares, palacios, parques; invitó al pueblo a vivir allí y ordenó promulgar por España la proclamación siguiente: ‘Quien quiera construir una casa o elegir un local de habitación próximo al soberano, recibirá una prima de 400 dírhemes." Un río de gente se apresuró a edificar; lós edificios se hicieron densos y la popularidad de esta ciudad adquirió proporciones, hasta el punto de que las casas formaban una línea continua entre Córdoba y Zahra’. El príncipe transportó allí su tesoro, sus despachos, su prisión, sus depósitos y sus aprovisionamientos. Todo esto ha sido trasladado y vuelto a traer a Córdoba, porque los Omeyas tuvieron temores infundados sobre esta ciudad, y porque adquirieron mal presagio de los hombres que allí murieron y del pillaje de todos sus aprovisionamientos. Yo he oído contar a más de un perceptor digno de confianza, funcionarios que conocen a fondo las imposiciones levantadas sobre el país y la renta de ‘Abd al-Rahmán ibn Muhammad, que el total de las rentas hasta el año 340 =951 no era inferior a 20 millones de dinares, poco más o menos, sin contar las mercancías, las joyas labradas, los aparejos de navíos, así como las piezas de orfebrería, cuyos príncipes no pueden pasar sin ellas. Después de la muerte de ‘Abd al-Rahman ibn Muhammad, en el año 350 =961, la autoridad eligió a su hijo Abú ‘Abd al-Hakam ibn ‘Abd al-Rahmán. Este sometió a confiscaciones a los cortesanos de su padre, se apoderó de las riquezas de sus servidores y ministros que habían vivido continuamente a su alrededor. El resultado de esta operación se elevó a 20 millones de dinares, total sobre el que las personas competentes están de acuerdo, facilitando incluso detalles. Esta enorme fortuna no ha sido igualada en su época, en el país del musulmán, más que por las afrentas de Gadanfar Abú Taglib ibn Hasan ibn ‘Abd Alláh: este último había operado nuevas tomas sobre las sumas manejadas por los notables en la Alta Mesopotamia y en ‘Iráq. El conjunto había sido superior a la cifra ya nombrada, se dice incluso que se elevaba a 50 millones de dinares. Pero Dios hizo cambiar su fortuna y le hizo perder esta opulencia, abandonándole y debilitándole. Es así como el Altísimo tiene la costumbre de actuar en caso de beneficios ilícitos, cuando una fortuna es adquirida por la codicia, la injusticia y procedimientos deshonestos.
La mención de la suma que acabo de citar permite recordar la aventura del desgraciado, hijo del desgraciado, cuyas actividades fueron reducidas a la nada por Abu ‘Amir ibn Abi ‘Amir, director actual de las monedas en España. Este gozaba en distribuir dinero y el que había recibido se lo vio confiscar; también él, que no había podido aprovecharse de ello, debía reconocer su propia falta. Córdoba no es quizás igual a una de las dos mitades de Bagdad, pero no está muy lejos de serlo. Es una ciudad de un muro de piedra, provista de hermosos barrios y vastas explanadas. Hace mucho tiempo que el soberano de esta ciudad reina sobre ella y tiene su residencia y su palacio en el interior de la muralla que la rodea. La mayoría de las puertas de su palacio alcanzan el interior de la ciudad por varios lados. Dos puertas de la ciudad, abiertas en la misma muralla, dan sobre la ruta que lleva de Rusafa al río. Rusafa se compone de alojamientos que forman la zona alta de la ciudad, y cuyas construcciones alcanzan el barrio bajo. Es una aglomeración que rodea la ciudad por los lados este, norte y oeste; el sur da sobre el río, a lo largo del cual se desarrolla la ruta llamada al-Rasif. Es en el barrio donde se encuentran los mercados, tabernas, caravasares, baños y moradas de las clases inferiores de la población. La mezquita aljama que es muy bella y grande, se encuentra en la misma ciudad; la prisión está situada en su vecindad. Córdoba está muy separada de las casas de sus barrios, que no la alcanzan de una manera inmediata. La ciudad está admirablemente dispuesta. Más de una vez he dado la vuelta a la muralla en una hora; es una muralla de forma circular, muy sólida y de piedra. Zahra’ no ha conseguido jamás tener una muralla acabada. Tiene una bonita mezquita aljama, que posee una gracia propia, pero inferior a la mezquita aljama de la capital en estructura, capacidad y grandeza. Córdoba tiene siete puertas de hierro. Es una ciudad considerable y extensa, que presenta un plano elegante. Hay grandes fortunas, y el lujo se despliega de varias maneras, como son los tejidos y vestidos preciosos, en lino flexible, en seda basta o fina; o bien por las monturas ágiles y las diferentes clases de comestibles y bebidas. Sus soldados no presentan un espectáculo digno de ser visto, porque ignoran todo lo referente al arte y a las reglas de equitación, a pesar de su bravura y su costumbre de combatir. La mayoría de sus guerras se desarrollan en medio de estratagemas y astucias. Ni yo ni nadie hemos visto jamás un hombre montado sobre un caballo de pura sangre o un media pura-sangre, calzando estribos; son incapaces de ello; ninguno, a mi opinión, utiliza estribos, por temer, en caso de caída, que su pie quede enganchado. Así pues, ellos montan sus caballos sin silla. Los asuntos militares de ‘Abd al-Rahman ibn Muhammad y de sus predecesores no han comprendido nunca más de cinco mil caballeros, los cuales reciben un sueldo; su administración no preveía un número más elevado, porque el país está suficientemente defendido en las ciudades de las Marcas, por los habitantes de la península, lo que le pone al abrigo de los atentados del enemigo y de los cristianos de la vecindad. Aparte de ellos, no hay adversario que temer, y no hay por qué ocuparse de ellos. Solamente, de vez en cuando, la península ha sido atacada improvisadamente por los navíos de los normandos, de los turcos petchenegos y de algunos otros pueblos como eslavos, búlgaros, los cuales ocasionan estragos en sus provincias. Lo más a menudo, estos fueron obligados a retirarse después de haber sido puestos en fuga." de Ibn Hawqal, Kitab al-Masalik wa-l-Mamálik. Trad. María José Romani Suay. Textos Medievales n.º 26, Valencia, 1971, pp. 63 al 66

martes, 25 de diciembre de 2012

La historia del hombre en dos minutos



No es algo especifico de nuestra ciudad, pero ha participado y participara
en todo ello.
N

jueves, 20 de diciembre de 2012

El enigma del Alcazar de los Reyes Cristianos.

        A la orilla del Guadalquivir, Betis o Certir , según la época, aguas abajo fue construido un puerto de carga y descarga, frente a este se alzo una gran edificacion localizada exactamente en lo que actualmente es el patio Morisco del Alcázar actual. En este edificio estaba instalado el ´"Forum Censorum" o Aduana, además de la residencia del Gbernador y el Cuestor.




En el año 65 sirvió de residencia del propio Julio Cesar cuando ostento el cargo de Cuestor, bajo las ordenes de Antistio Vetere..
Se trataba de una edificacion muy grande, de mas dimensión que la del actual Alcázar, uno de los capiteles encontrados en el patio morisco fue colocado en la fuente de la plaza Séneca.



Este gran fuste estriado en vertical, y que se mantiene in situ, situada junto al arco apuntado y con verja de hierro forjado, que se abre en la muralla oeste, y que separa el “patio morisco” y el jardín medio, fue encontrado a unos cuatro metros por debajo de la solería del actual “patio morisco”, cerca de la Torre de la Inquisición situada en el suroeste del recinto del castillo.
Fuste estriado en vertical
Esta columna romana formaba parte de un gran edificio porticado, algunas de cuyas columnas han sido documentadas, igualmente in situ, en las excavaciones realizadas en el denominado “Patio de Mujeres”. 
Esta edificación se encontraba dentro del “castellum” tardoantiguo, que sería el germen del actual Alcázar Cristiano, empleándose para su construcción, material de acarreo procedente de otros edificios públicos romanos. Uno de estos capiteles procedentes del Alcázar está situado actualmente en la Plaza de Séneca.