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sábado, 30 de octubre de 2010

Historia y leyendas del Alcazar de Cordoba

"El Alcázar descrito por Ibn Baskuwal es el mismo designado por algunos autores antiguos como Balat Ludriq (Palacio de Rodrigo), no porque lo hubiera construido sino porque cuando fue vencido por los árabes y su reino conquistado, como supieron que le servia de residencia cada vez que venía a Córdoba, le llamaron por su nombre. No se sabe por quién fue construido, pero la opinión más generalizada entre los ayam/s (Cristianos o bárbaros) es que fue uno de los antiguos reyes que vivió en el castillo de al-Mudawwar (Almodóvar), fue quien lo construyó.

Y cuentan lo siguiente: un día, yendo el rey de caza, llegó a un lugar a donde más tarde fue construida Córdoba, que en aquel entonces era un desierto o ruina ('jarab’); el Sitio ocupado por el alcázar estaba cubierto por impenetrable maleza. Cerca de este lugar el rey soltó su halcón favorito, el cual se elevó al campo que más tarde llamó kudyat Abu Ubadat (Monte o peña de Abu 'Ubaydat); pasándolo y descendiendo en la espesura, el halcón voló en busca de una perdiz. Siguió el rey hasta perderlo de vista pero no viéndolo aparecer y temiendo se hubiera enredado entre las ramas y se hallase en la imposibilidad de moverse, el rey ordenó cortar la maleza. Mientras su gente se encargaba de cortar la maleza fue descubierta la cúspide de un magnífico edificio de asombrosa estructura, construido con grandes bloques de piedra unidos entre si con plomo fundido. El rey, añade Ibn Baskuwal, que era un hombre inteligente y emprendedor, ordenó inmediatamente que se excavara alrededor y el edificio fue rápidamente descubierto en toda su extensión. Continuando su trabajo, los obreros llegaron a los cimientos, los cuales se encontraban sumergidos en agua sobre un lecho de pequeñas piedrecitas, puestas allí por un antiguo procedimiento. Cuando el rey vio esto, dijo: "No hay duda que esta obra es de algún famoso monarca y debo reconstruirlo."

Ordenó que este edificio fuese reintegrado a su estado primitivo; hízolo habitable y desde entonces lo visitó a menudo como cualquiera de sus castillos reales. Cada vez que hacía una excursión por su kura o pasaba cerca de él alguna expedición militar, residía en él durante algún tiempo. Esto indujo a muchos de sus súbditos a establecerse en la vecindad y así, poco a poco, se construyó la ciudad de Córdoba, quedando el alcázar en su centro, el cual, desde entonces, fue morada de los reyes que se sucedieron. Acampó en él Ludriq cuando marchó a su encuentro con los árabes en Shiduna..."
Autor: Al Maqqari - Fuente: Analectas I, pp. 160
* Documento núm. 295 Aparece en "Anales de la Córdoba musulmana" de Antonio Arjona Castro. Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba. Córdoba 1982

El sudario de Abderraman III



Se trata de un tejido de lino bordado en seda, de la Parroquia de Oña (Burgos). Ha sido fechado en el año 929 y se atribuye al tiraz de `Abd al-Rahman III en Córdoba. Esta prenda de indudable importancia presenta un repertorio iconográfico que es el de la corte omeya cordobesa y, al parecer, una reivindicación gráfica de la legitimidad omeya, incluyendo un posible retrato de Mu`awiya, el fundador de la dinastía omeya.
Probablemente nos encontramos ante la mortaja que el primer califa de Córdoba llevaba en su equipaje cuando la derrota de Alhandega, en el 934. Los castellanos, tras derrotar a las tropas del Califa saquearon el campamento de éste, arrebatándole todas sus pertenencias, incluso sus "vestes preciosas", como afirman las fuentes castellanas.

Alyuba o pieza de tela hecha de kattan (lino) y bordada íntegramente de seda, categoría que, teóricamente, puede considerarse de `Ubaydi (= importada). Paralelos coetáneos orientales para esta técnica se tienen en Iraq. Es fechable en el año 929, del tiraz de `Abd al-Rahman y presenta un interesante repertorio iconográfico oficialista omeya cordobés, incluyendo incluso un posible retrato de Mu`awiya, sentado en un trono (kursi) como "Señor de la vida". Son interesantes su tocado, guantes y túnica. A su lado hay redoma y una bandera rematada por un rombo o una punta de lanza que parece tener su paralelo en otra pintura de Qusayr `Amra (Almagro y otros, 1974: lám. XIV).

El tocado, dotado de ínfulas, es similar a una mitra y es considerado por los autores un qalansuwa, gorro persa adoptado ya por los omeyas orientales y cuya existencia se aprecia en Qusayr `Amra y en Jirbat al-Mafyar. El gorro remata en una borla, y es de color gris perla. La redoma (Lamm, 1930: I-32) es de un tipo conocido en Oriente y fechable hacia el siglo X, siendo arcaizante. Los leones pasantes recuerdan a los de Qasr al-Hayr al-Garbi, y aparecen también en cerámica. Es un elemento asociado con la dinastía omeya. Es un tema relacionable con la sura coránica XLVII y la tendencia omeya a asimilar el mundo seglar con el religioso, su poder terreno con el divino. (Grabar, 1974). El elefante aparece en la pyxis del Victoria & Alberto, del 970 y en la prenda aquí estudiada presenta unos arreos que parecen estar realísticamente representados. Hay otra representación de este animal, aunque peor, en San Baudelio de Berlanga (Zozaya, 1976: 323).

Las águilas explayadas es un tema iconográfico occidental desde el Imperio romano. Un águila como la de esta tela sería la representada sobre la bandera usada por al-Nasir en la campaña de Osma en el 944. Este tema aparece también en la pyxis del Victoria & Alberto del 956 y en el bote de Mugira, en el Louvre. El grifo es un tema solar que aparece en la tapa y el cuerpo del bote del Louvre y en el bote de Mugira. La que hay en este tejido es la representación andalusí fechable más antigua. Hay unas aves, como si fueran carpinteros colgados de un árbol. Puede ser referencia a las almas "cándidas" en el almario. Las inscripciones corresponden en estilo "a grosso modo" al de la escritura que a principios del siglo X se usa en los tejidos orientales (Day, 1937). Las inscripciones son jaculatorias que estilísticamente recuerdan a alguna inscripción en tejido atribuida a Persia y de comienzos del X (Golombek y Gervers, 1977: 96). Entre los motivos decorativos hay "árboles de la vida", hay un octógono que recuerda a los autores la "cúpula de la Roca", caballo con azor sobre la silla (tema del Corán 17, 13) con referencias gráficas a la pedrería aplicada en la silla, que incluso puede ser de oro; liebres, con sentido funerario; ave fénix, con sentido de resurrección; sirena en forma de mujer con patas de ave, el pavón (símbolo chino de la inmortalidad) y pavones con cuellos entrelazados y retorcidos, que pueden presentar otra variante: Par de pavones, enfrentados, separados por árbol de la vida, gacelas atacadas por rapaces (posible referencia a la destrucción de la dinastía omeya en Oriente).

Esta pieza de lino, tejida de una pieza, gracias a Retuerce (1987) que señaló la fecha de aparición del templén y del telar de lino horizontal, en al-Andalus, a mediados del siglo IX d. C., tiene que ser de la segunda mitad de dicho siglo, más probablemente en la primera mitad del X. La presencia de la figura humana parece indicar un posible "retrato" de los omeyas orientales, si no es un retrato directo del primer califa omeya oriental. Los atributos parecen corresponder a los elementos introducidos por Mu`awiya (Grabar, 1977: 31). Una representación semiótica "legitimista" omeya interesó a `Abd al-Rahman III en el momento de su instauración del califato cordobés, en torno al 929 d. C. La presencia de este tejido en Oña posiblemente sea producto del botín, quizá de la batalla de Alhandega, batalla en la que el omeya perdió toda su impedimenta y "vestes preciosas" (Historia, 22), y no hay que olvidar el ataque de `Abd al-Rahman a este monasterio en el 934 (Muqtabis V, XXX-257) ni sus enfrentamientos con Fernán González, culminando con la participación de éste en Alhandega (Gómez-Moreno, 1917, p. 24); la presa del traje del califa sería una agradable venganza, con buen uso político posterior. Ello nos da una fecha en torno al 939: la pieza está hecha entre el 929 y el 939. La pieza ha de leerse de lado, pues la decoración está dispuesta sobre el lado izquierdo. Casi todos los elementos decorativos (aves fénices, gacelas atacadas por rapaces, caballos con azor y sin jinete), la inscripción y la relación espacial están relacionados con la idea de la muerte, lo que indica que dicho traje sería concebido como sudario en caso de muerte en campaña del Califa y que, al ser obtenido como botín de guerra por el conde de Castilla, serviría como propaganda política para destacar el poder del castellano frente al rey de León y simbolizaría la independencia castellana. Esta prenda presenta un corpus oficial de la iconografía omeya cordobesa. Articulo de MANUEL CASAMAR; y JUAN ZOZAYA.


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La piscina de mercurio de Medina Azahara


Durante toda nuestra infancia, los cordobeses hemos escuchado hablar de la piscina de mercurio del "Salón Rico" de Medina Azahara, esta ha formado parte de nuestra tradición y de nuestra cultura, siempre hemos contado este ingenio con orgullo a los visitantes que han llegado a nuestra ciudad, pero ¿de donde viene este recuerdo histórico, fue tal y como nos lo contaron, existió en la ciudad palatina o pudo ser una confusión?. Leamos el siguiente articulo de Luis Molina y saquemos nuestras propias conclusiones, tal vez la verdad no fue tal y como nos la contaron.


Entre las dependencias que los autores árabes mencionan al describir Medina Azahara se halla un salón en cuyo centro se abría un estanque lleno de mercurio. Sin embargo, en el fundamental trabajo de Ana Labalia y Calmen Barceló sobre las fuentes árabes relativas a Medina Azahara 1, las autoras ponen en duda que ese salón, que denominan «al-maylis al-badî', llamado qasr al-jiilâfa», se encontrase realmente en la ciudad palatina y prefieren localizarlo en el alcázar de Córdoba. Argumentan que en este alcázar existía un salón llamado al-maylis al-badî' como quedaba de manifiesto en un trabajo anterior de García Gómez 2, y que qasr al-jilâfa se aplica siempre al alcázar de Córdoba, de 10 que deducen que las fuentes árabes yerran al situar el salón del estanque de mercurio en Medina Azahara.

A primera vista, no parece un argumento muy sólido para rectificar las informaciones concordantes de varios cronistas árabes, pues la coincidencia en el nombre de un salón en dos recintos palatinos, sobre todo cuando es un nombre tan poco significativo como al-maylis al-badî'

Contamos con un texto fundamental sobre el estanque de mercurio en Medina Azahara, del que poseemos tres testimonios: se trata de la descripción que del mismo hace al-Zuhrî (s. VI/XII) en su Kitâb al-Ya'rafiyya 3, texto que es reproducido en el anónimo Dikr bilâd al-Andalus (s. VIII-IX/XIV-XV) 4, de donde pasa al Nafh al-tîb de al-Maqqarî (s. XI/XVII) 5.

Las relaciones entre estas tres obras están claras desde la publicación de la segunda de ellas: el compilador del l)ila- tuvo a su disposición un fragmento del Kitâb al-Ya'rafiyya de al-Zuhri, fragmento que incluyó en su totalidad en su crónica, mientras que al-Maqqarî reproduce largos pasajes del Dikr, especialmente de los capítulos dedicados a la descripción de Córdoba 6. Pero si esta cadena de transmisión historiográfica está perfectamente establecida y es incuestionable en sus líneas generales, no es menos cierto que un análisis minucioso del pasaje que nos ocupa tal vez aporte algún matiz que arroje luz sobre algún aspecto concreto, como puede ser el de la localización de este salón.

El texto original de al-Zuhri reza así al describir el salón que denomina al-Qalbaq 7:

Su techumbre era de oro y grueso y puro cristal, lo mismo que sus muros; sus tejas eran de oro y plata. En el centro tenía un estanque lleno de mercurio y a cada lado del salón se abrían ocho puertas, formadas por arcos de marfil y ébano que reposaban en columnas de cristal 8 coloreado, de forma que los rayos del sol, al entrar por esas puertas, se reflejaban en su techumbre y en sus paredes, produciéndose entonces una luz resplandeciente y cegadora 9. Cuando al-Nâsir quería asustar a los presentes o recibía la visita de algún embajador, hacía un gesto a sus esclavos y éstos removían ese mercurio, con lo que el salón se llenaba de sobrecogedores fulgores semejantes al resplandor del rayo, creando a los que allí se hallaban la impresión de que el salón giraba en el aire mientras el mercurio seguía en movimiento. Algunos dicen que el salón giraba para estar enfrentado al sol, siguiendo su curso, mientras que otros afirman que estaba fijo, sin moverse alrededor del estanque 10 . Ningún otro soberano, ni entre los infieles ni en el Islam, había construido antes nada parecido, pero a él le fue posible hacerlo por la abundancia de mercurio que allí tenían.

Mientras que en Dikr se describe el Salón del Califato :
Su techumbre era de oro y mármol 11 de grueso volumen y color puro, en sus distintos tonos, lo mismo que sus muros. En el centro de este salón peregrino al-maylis al-badî' se hallaba la perla única que le regaló el rey de Constantinopla. Las tejas de este salón eran de oro y plata. En el centro tenía un gran estanque lleno de mercurio y a cada lado del salón se abrían ocho puertas, formadas por arcos de marfil y ébano con incrustaciones de oro y diversos tipos de piedras preciosas, que reposaban en columnas de mármol coloreado y cristal de roca (ballûr) puro, de forma que los rayos del sol, al entrar por esas puertas, se reflejaban en su techumbre y en sus paredes, produciéndose entonces una luz cegadora. Cuando el soberano quería asustar a los presentes, hacía un gesto a uno de sus esclavos y éste removía ese mercurio, con lo que el salón se llenaba de sobrecogedores fulgores semejantes al resplandor del rayo, creando a los que allí se hallaban la impresión de que el salón giraba mientras el mercurio seguía en movimiento. Algunos dicen que el salón giraba para estar enfrentado al sol, mientras que otros afirman que estaba fijo alrededor del estanque. Ningún otro soberano, ni entre los infieles ni en el Islam, había construido antes nada parecido, pero a él le fue posible hacerlo por la abundancia de mercurio que allí tenía.

Al-Maqqari, por su parte, reproduce con total fidelidad la versión del Dikr, sin ninguna variante reseñable 12.

Vemos, por tanto, que el Dikr copia casi al pie de la letra el texto de al-Zuhrî, pero introduce algunas palabras y frases que no se hallan en el original. La mayoría son simples variantes o amplificaciones retóricas (en algún caso habría que calificarlas de mejoras decorativas), pero hay un dato nuevo que en modo alguno puede ser atribuido al deseo del compilador del Dikr de enriquecer más aún el lujo del salón. Aunque, para ser más exactos, habría que reconocer que también en este caso es ese loable deseo el que provoca la inclusión de la noticia a la que nos referimos, sólo que esta vez no recurre a su fértil imaginación y a su variado léxico para redecorar por su cuenta el ya de por sí recargado y ostentoso salón, añadiéndole oros, piedras preciosas y nobilísimos materiales. Rebuscando por otros lugares de la geografía literaria de Medina Azahara, nuestro entusiasta compilador se ha topado con una pieza única que, de acuerdo con sus criterios decorativos, estima que no desentonaría lo más mínimo en el ambiente de ese salón: la perla regalada a cAbd al-Rahmân III por el emperador bizantino, perla que, aunque no dispongamos de una descripción exacta, suponemos de tamaño considerable y de perfección inmaculada.

Su único fallo al trasladar la nacarada esfera a este salón fue colocarla en el centro de la habitación, centro en el que ya se encontraba el estanque de mercurio. Pero, como decimos, esta perla no se formó en la cabeza del autor del Dikr, sino que halló el dato en otra fuente distinta de al-Zuhrî: y no dudó en insertarlo dentro del relato que había tomado de éste para realzar el esplendor del salón.

La noticia de la perla, en efecto, la podemos hallar en un pasaje que, posiblemente originario de Ibn Hayyân, reproducen en idénticos términos Ibn Gâlib (s. VI/VII) 13, Ibn 'Îdârî (s. VIII/XIV) 14 y al-Maqqarî. 15:

En cuanto a la perla única que estaba colocada en el Salón Peregrino (al-maylis al-badî'), procedía de un regalo que le hizo León, señor de Constantinopla 16.

Lo que nos interesa retener de todo esto es un dato aparentemente menor: la mención de que la perla se hallaba en el Salón Peregrino; y nos interesa retenerlo porque, si volvemos sobre la descripción original del salón en el que se hallaba el estanque de mercurio, es decir, la de a1-Zuhrî, comprobaremos que en ningún momento se identifica esa estancia con el Salón Peregrino, que ni siquiera es mencionado. El Salón Peregrino aparece únicamente en la versión del Dikr porque su autor introduce la frase referida a la perla, aunque altera levísimamente la redacción, de forma que 16 que en su fuente era «en el Salón Peregrino» se convierte en «este salón peregrino».

En conclusión, el salón en el que se ubicaba el estanque de mercurio no llevaba el nombre de Salón Peregrino y, por tanto, no hay ninguna razón para argumentar, basándose en la suposición de que había un Salón Peregrino en el Alcázar de Córdoba 17, que el salón del estanque de mercurio tenía que hallarse en el palacio de la capital en lugar de en Medina Azahara. Las fuentes son claras al respecto: el estanque de mercurio estaba en una estancia llamada por al-ZuhrIî al-Qalbaq (o al-Qalîq/al-Qaylaq/al-Qayliq), por el Dikr, Salón del Califato, y por a1-Maqqarî, Alcázar del Califato, y dicha estancia formaba parte de Medina Azahara. El Salón Peregrino, por su parte, era el lugar donde había sido colocada la perla regalada por el emperador bizantino y, a pesar de la poca claridad de algunas fuentes, parece que se hallaba también en Medina Azahara. Fue el compilador del Dikr, siempre dado a la exageración, a la fantasía y a la afición por lo maravilloso, quien mezcló los datos de los dos salones. Desde un punto de vista historiográfico es un hecho incuestionable; otra cosa es que la realidad fuera muy distinta de lo que nos pintan los textos y que nos encontremos ante un relato fabuloso o legendario, producto de la imaginación desbordante de algún cronista o, tal vez, de la magnificación de algún pequeño artificio de mercurio que podía decorar cualquier salón del palacio califal.

Articulo de Luis MOLINA


NOTAS


1 Labarta, A. y Barceló, C., "Las fuentes árabes sobre al-Zahrâ': Estado de la cuestión", Cuadernos de Madînat al Zahrâ', 1 (1987), 93-106.

1 Notas sobre la topografía cordobesa en los «Anales de al-Hakam II» por 'Îsa al-Râzi", AI-Andalus xxx (1965), 319-379. Sin embargo, del texto de García Gómez se desprende que la única fuente en la que halla documentada la existencia del Salón Peregrino (así traduce él al-maylis al-badî') es el Nafh al-tîb, en un párrafo que, como se verá más adelante, es idéntico al que reproduce Ibn Gâlib, pero referido a Medina Azahara.

3 Hadj-Sadok, M, "Kitâb al-Dja'râfiyya. Mappemonde du calife al-Ma'mün reproduite par Zuhrî: (III/IX' s.) rééditée et commentée par ZuhrI (VleIXIF s.)", Bulletin d 'Études Orientales XXI (1968), 7-312; el texto se halla en las páginas 220-221, § 228.

4 Una descripción anónima de al-Andalus, ed. y trad. Luis Malina, Madrid, 1983,2 v., 1, 164, n, 174.

5 Ed. Ihsân 'Abbâs, Beymt, 1968, 8 v., 1, 527.

6 Dikr, II, 303 Y 309.

7 Variantes en otros manuscritos: Qalîq/al-Qaylaq/al-Qayliq.

8 Variantes: "mármol", "mármol zaragozano".

9 Literalmente, "que les arrebata (ya 'jud) la vista". Alusión a Corán, n, 20. En uno de los manuscritos: "que casi les arrebata (yajtaf) la vista", que recupera el término empleado en el Corán. Los otros manuscritos emplean ya 'jud en lugar del coránico yajtaf; aunque el sentido es el mismo, como se comprueba por la definición que da el Tây al- 'arûs de al-Zubaydî del término jâtif "relámpago que arrebata (ya 'jud) la vista".

10 Seguimos la lectura de los manuscritos lâm y yûm, que da sentido a la frase.

11 Paleográficamente la confusión entre cristal (zuyây) y mármol (rujâm) es perfectamente explicable. Recuérdese que algunos manuscritos del Kitâb al-Ya'arâfiyya leen también "mármol".

12 Existe otra versión, coincidente en términos generales con ésta, aunque textualmente no tenga muchos puntos de contacto. Se trata de un pasaje del Siyar a'lâm nubâla de al-Dahabî(s. VIII/XIV) en el que leemos (VIII, 267): "Edificó un salón que dominaba los jardines y cuyas columnas forró de oro incrustado de jacintos, esmeraldas y perlas, pavimentándolo con mármol de colores; delante de él construyó una pila circular que llenó de mercurio, en el que se reflejaba la luz hacia el salón."

13 'Abd al-Badíî L., "Nass andalusî yadîd: qit'a min "Kitâb Farhat al-anfus" li-ibn Gâlib", Mayallât Ma 'had al-Majtûtât al- 'arabiyya 1 (1955), 282-310.

14 Al-Bayân al-mugrib, ed. Colin y Lévi-Provençal, Leiden, 1948-51, II, 232.

15 lfaJl¡, 1, 541.

16 Esta es la versión de Ibn Gâlib (p. 301), mientras que Ibn 'Idârí y al-Maqqarî finalizan así la frase: "regalo que envió a al-Nâsir, junto con otros muchos magníficos, el césar griego (Maqqarî: "de los griegos"), señor de Constantinopla". El emperador bizantino León VI falleció en el 912, unos meses antes de que 'Abd al-Rahmân al-Nâsir, el constructor de Medina Azahara, ocupara el trono.

17 Algo que, por otra parte, es muy dudoso, pues Ibn Gâlib introduce la frase sobre la perla y el Salón Peregrino en su descripción de Medina Azahara, mientras que Ibn 'Idâriî y al-Maqqarî no dejan muy claro dónde se hallaba

jueves, 14 de octubre de 2010

La necropolis Ibera de Córdoba

No son muchas las personas que conocen que la antigua corduba no se ubica exactamente en el lugar que lo hace nuestro casco historico,es mas aun deben pasar muchos años para que esta iguale el tiempo de existencia que tuvo aquella. Sabemos que la ciudad romana se fundo aproximadamente en el 154 a.c. por el general laudio Marcelo, pero antes de esta fundacion ya existia desde hacia mucho tiempo Cordoba, no muy lejos de alli, mas a poniente, separada de esta por unarroyo y unas hectareas de tierra, en lo que actualmente conocemos como parque Cruz Conde, arqueologicamente hablando " la colina de los Quemados". Existio asi pues en nuestro solar una " Dipolis o Diapolis2, doble ciudad, una en lo que actualmente es nuestro casco historico perteneciente a los romanos y otra en esta colina ocupada por los que estaban en nuestro lugar antes de la llegada de los latinos, que bien podiamos denominarlos como Iberos.
Esta ciudad, poblado o como queramos denominarlo parece que no compartio vivencias con la ciudad romana hasta un periodo muy posterior, pero no es este el tema de nuestro articulo, regresemos a nuestra comunidad ibera que durante muchos siglos, segun se desprende de la estratigrafia hizo vida en este sitio,una comunidad que como en el resto de la peninsula tenia unasd formas de construccion claras y unas distribuciones simbolicas que a continuacion expongo.
Los iberos siempre solian crear una ciudadela donde practicaban su vida cotidiana, esta se desarrollba normalmente en las cercanis de un rio, arroyo...etc, en este caso esta claro, el Guadalquivir, antiguo "Certir", a ella la denominaremos " Ciudad de los Vivos". Los Iberos concebian el rio como el transito desde la ciudad de los vivos a la ciudad de los muertos, que en el caso que nos ocupa y por puro racionamiento geografico deberia estar al otro lado del viejo rio, o lo que es lo mismo en las proximidadesd e la alameda del Obispo, la Torrecilla, cordel de Ecija..., este hallazgo arqueologico aun no se ha producido y baste recordar que esta civilizacion solia enterrarse en la mayoria de las ocasiones con todo el ajuar, recordemos las falcatas ibericas inutilizadas observables en el museo arqueologico. Bien probablemente el hallazgo de esta necropolis podria suponer o ser uno de los mas importantes hallazgos arqueologicos del S. XX y SXXI

Miguel Cervantes Saavedra, su origen cordobes y converso.




Segun A. Medina Molera el origen del literato universal no solo es converso, tambien Cordobes, leamos el siguente articulo en el que se dan las claves para haber llegado a esta conclusion.


Miguel de Cervantes dice ser cordobés y andaluz: en 1593, se declara vecino de la villa de Madrid y natural de Córdoba. No se trataba de un acta de bautismo como la de Alcalá de Henares; nunca sabremos si para Cervantes aquella ciudad de nombre encastillado, supuso realmente alguna referencia significativa. Con dicho testimonio, Cervantes muestra que todavía en el siglo XVI y XVII, se es capaz de diferenciar el lugar de nacimiento del verdadero lugar de origen familiar por genealogía y por sentimiento, en consonancia con su herencia cultural andalusí.” La alcurnia y cepa de Cervantes tiene su origen en conversos cordobeses y granadinos, según los irrefutables documentos cervantinos del Archivo de Protocolos de la ciudad de Córdoba, dados a conocer por el historiador y biógrafo cervantino José de la Torre y el Cerro (1923-1925), quien suministró junto con Alonso Cortés a Francisco Rodríguez Marín, los nuevos documentos cervantinos hasta entonces inéditos.’` Esta genealogía y la autenticidad de los documentos cervantinos citados, están confirmados por los más reconocidos biógrafos cervantistas, entre ellos citamos a Luis Astrana Marín (1948-I 958, 1996), Américo Castro (1925-1972), FranÇoise Zmantar (1980), Rosa Rossi (1988), Jean Canavaggio (1958-1997), Martín de Riquer (1967-1997), Marthe Robert (1963-1996), Fernando Arrabal (1996), Luis Combet (1980), Arsemo Escolar (1997), Franco Meregalli (1997), Angelina Costa Palacios (1997), Alberto Sánchez (1997), Krzysztof Sliwa (1997), Daniel Eisenberg (1997),5° Manuel Andrino (1997), 54 Antonio Cruz Casado (2000),5= entre muchos otros.” Una de las ramas moriscas de los Cervantes asentados en Córdoba era originaria de Granada. Familia de artistas, músicos y cantores, que habían sufrido en directo las consecuencias de la paulatina conquista de aquel reducto de soberanía andaluza que era el emirato Nasrí, así como la obligada conversión cristiana; viéndose forzados a cambiar de lugar y vida por desenvolverse con mucha dificultad tras la conquista cristiana de estos territorios.

Esta rama de los Cervantes había contemplado la pena infinita del jardín granadino con sus fuentes cegadas. Habían presenciado el desgarro humano y la ruina que provocó la conquista de la ciudad, ensanchando su penumbra con una tristeza del tamaño del universo… Eran recién conversos a la fe de Cristo y tuvieron que improvisar y tejer un laberinto de supervivencias veladas; aprender de forma más que acelerada que todos los caminos conducían exclusivamente a Roma y… poco más. Álvaro de Cervantes hizo oposición a maestro de canto en la Mezquita-catedral de Córdoba, ganando la plaza se traslada con su familia a dicha ciudad. Muchos de los avatares de la familia de Cervantes están muy bien documentados en el Archivo de Protocolos de Córdoba a lo largo de más de cien años. Durante los siglos XVI y XVII, abundan en esta ciudad los apellidos Cervantes y Saavedra en diferentes ramas de cristianos nuevos. La ascendencia cordobesa de Miguel de Cervantes podemos establecerla desde su tatarabuelo hasta nuestro autor. Escribe Rodríguez Marín: ¿No es verdad que… sobre ser cordobés Miguel de Cervantes por la ley étnica de su linaje paterno, lo fue asimismo por la levadura cordobesa que dejaron en su alma los primeros años de su vida?.” Cruz Casado ha encontrado en el Quijote expresiones características del lenguaje cordobés del Siglo de Oro. En esta obra también se alude al Caño de Becinguerra y especialmente a la Posada del Potro, por entonces uno de los más famosos lugares de la picaresca andaluza. De hecho, fueron fabricantes de agujas de este lugar los que mantearon a Sancho Panza en uno de los capítulos del Quijote. También Arsenio Escolar dice: La familia fue muy trashumante, y en aquellos años los conversos cambiaban mucho de domicilio para borrar pistas de su pasado y más fácilmente poder buscarse la vida.

El tatarabuelo de Miguel de Cervantes se llamó Pedro Díaz de Cervantes y debió nacer en Córdoba a principios del siglo XV. El bisabuelo de nuestro gran maestro de la literatura, Rodrigo de Cervantes, fue pañero en el barrio de la Plaza del Potro y había nacido en Córdoba hacia 1435, axarquía y morería con mayoría de mudéjares, refugiados moriscos y conversos en general, que también por entonces fue el centro artesano y comercial de la ciudad; lugar donde Cervantes vivió parte de su infancia que evoca en el Quijote (I, 17). Como en muchas familias de conversos, tuvo también algunos parientes que dedicaron sus servicios a la Inquisición en Córdoba, como más adelante tendremos ocasión de comprobar. En 1474, vivía en Córdoba Rui Fernández de Cervantes, que estuvo casado con Catalina Martínez y eran vecinos de la parroquia de San Nicolás de la Villa, padres de Rodrigo de Cervantes quien fue a su vez bisabuelo del autor del Quijote. El bachiller Rodrigo de Cervantes casó con Catalina de Cabrera, de alcurnia desconocida, lo que era tanto como decir de casta de cristianos nuevos; dado el rigor, claridad e interés por mostrar en aquella época la limpieza de sangre si se era de casta cristiano vieja. El bachiller Rodrigo de Cervantes era además trapero de profesión, es decir, comerciante en paños y telas, ocupación propia en Córdoba de conversos de origen musulmán. También en los hábitos inquisitoriales el bisabuelo de Cervantes pierde los autos contra Catalina de Palma, cristiana nueva que había sido arrestada como sospechosa de herejía, según consta en el mismo documento cervantino. Juan de Cervantes, hijo de Rodrigo y abuelo de nuestro autor, contrae matrimonio con Leonor de Torreblanca, para así más abundar en las tradición heterodoxa familiar mal disimulada o imposible de ocultar. Numerosas son las familias de apellido Torreblanca naturales de Córdoba durante los siglos XV XVI y XVII, pero de linaje y solar cristiano viejo conocido, sólo había una: la que tuvo por tronco en Andalucía a Fernando y Andrés de Torreblanca, los únicos de origen navarro que sirvieron a los reyes Juan II y Enrique IV siendo Fernando nombrado alcaide de Cabra. El resto de las familias de apellido Torreblanca, fueron conversos musulmanes y judíos apadrinados y apellidados por esta familia navarra, según era costumbre general entre la mayoría de los bautizados conversos, sobre todo en los señoríos. El hecho de que el cronista e historiador local del siglo XVII, Andrés Morales Padilla, no mencione en su Historia de Córdoba a Leonor de Torreblanca, abuela de Cervantes como hija de Andrés de Torreblanca, que era el único heredero con solar y linaje, es, sin duda, una prueba más del carácter cristiano nuevo que tuvo igualmente esta rama familiar; sobre todo, si tenemos en cuenta, como ya venimos señalando, la importancia que en la época gozaron los abolengos. Otro suceso familiar a tener en cuenta fue que, ya en 1473, presenció Rodrigo Díaz de Cervantes “los sangrientos sucesos, alborotos, crímenes, saqueos e incendios del populacho contra los conversos, de los que fue la primera víctima un Torreblanca. La familia de Cervantes va a vivir muy ajustada a la situación general de las generaciones de conversos o cristianos nuevos, a pesar de sus múltiples intentos de camuflaje. No fue una mera suma de casualidades. Propósitos edificados durante largo tiempo para mejor encubrirse por terror a la Inquisición, se revelaron de pronto inservibles o absurdos; briznas familiares de una experiencia tan dura, van a constituir claves destacadas de la brusca aventura que supuso la vida y obra de nuestro autor. Otro estudioso, Rodolfo Gil Benumeya, insiste en el indiscutible origen converso cordobés de la familia de Miguel de Cervantes Saavedra: Encontramos documentos sobre muchos familiares de don Miguel, de la rama paterna, todos cordobeses, su abuelo, el licenciado Juan Cervantes y su padre Rodrigo de Cervantes, que a pesar del azar de sus sucesivas residencias por toda España, nunca perdió el contacto con su cuna cordobesa donde vivió de 1553 a 1563, en el barrio de la plaza del Potro.” Sobre estos aspectos genealógicos están de acuerdo hasta los biógrafos e investigadores más academicistas y oficialistas del cervantismo, ratificándolos con la actualización de su obra biográfica sobre Cervantes Jean Canavaggio (1997), Luis Astrana Marín (1996), Alberto Sánchez (1997), o Fernando Arrabal (1996), entre otros muchos, aunque una parte de sus biógrafos más recientes dan esta cuestión por algo tan totalmente asumido que ya tan siquiera la plantean.”‘ Como va a demostrar con su propia genealogía familiar el mismo Cervantes, ni para vivir ni para escribir sirve de mucho un exceso de cálculo, mas bien conviene, como sugiere Nietzsche, andar un poco desprevenidos.

Rodrigo de Cervantes, padre de nuestro autor, vive obsesionado por ocultar su origen converso, cambiando en numerosas ocasiones de lugar de residencia, padeciendo en vida de irrealidad, que diría Borges. Como es sabido, su padre fue cirujano, lo que no significaba en aquella época nivel académico ni distinción social alguna: “pero lo de cirujano no hay que entenderlo en su sentido presente: era menos que un actual practicante, un simple encargado de amarrar huesos dislocados o rotos, de sajar granos y de dar sangrías -pero, además, en esta actividad había de competir con los barberos más baratos: “un real por dos sangrías”, dice a don Quijote cierto ganadero haber pagado por la curación de cierto pastorcillo suyo.” Llega incluso a verse forzado a desempeñar oficios al servicio de la Inquisición, igual que tuvieron que hacerlo su padre y otros familiares. Su estado de ánimo vino muchas veces a tal extremo que, muerto, no podría ser el fantasma que afirman algunos investigadores era ya entonces. El propio Miguel de Cervantes ratifica ese penoso estado, así como el servicio inquisitorial de su padre con la declaración que hace en Sevilla el 10 de junio de 1593, en este caso como argumento a su favor en el pleito que sostuvo el mesonero cordobés, Tomás Gutiérrez, con la Hermandad del Santísimo Sacramento del Sagrario, afirmando “ser hijo e nieto de personas que han sido familiares del Santo Oficio de Córdoba”. Era normal que los oficios inquisitoriales fueran ocupados por conversos, ya que era la mejor forma de probar la autenticidad de la conversión; además, al avenirse a ello, disponían de un mejor conocimiento de las causas y de los encausados. Para concluir esta búsqueda y genealogía familiar, hay un conocido pleito que tuvo el padre de Cervantes en la ciudad de Valladolid y que le costó la cárcel, por lo que de nuevo se vio obligado a trasladar su residencia para poder seguir de cerca el procedimiento judicial en sus trámites y apelaciones. Lo que trasluce que la familia de nuestro autor no tenía ganada ejecutoria de hidalguía, pues de haberla tenido le hubiera bastado a Rodrigo con exhibirla o citarla, justificando ser descendiente directo de quien la obtuvo para salir al punto de la prisión, sin más complicaciones. Otro dato más sobre esta probadísima familia de conversos, es el escaso uso que hizo su hermana Magdalena del apellido Cervantes, que solía cambiarlo por los de Pimentel o Sotomayor, y sólo en una ocasión y por comercio de paños consta que hiciera uso del apellido Cervantes.