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sábado, 13 de noviembre de 2010

El patio de los naranjos





La presencia de árboles en los patios de las mezquitas de Al Ándalus parece tener su origen en la propia mezquita mayor de la capital, Córdoba. Ibn Hayyan, el famoso cronista cordobés del siglo XI, dice que el introductor de esta costumbre fue un sirio llamado Sa‘sa‘ah ibn Sallam, imán de plegarias en Córdoba, ciudad donde murió hacia 796. Este imán opinaba, en contra de la opinión de otros alfaquíes, que era lícito plantar árboles en el patio de la mezquita. Por su parte, Ibn Attab, otro alfaquí cordobés de prestigio, se oponía a esa plantación por ser una novedad ilícita y defendía que era mejor cortarlos, pues de todas las grandes ciudades que él conocía, sólo en Siria las mezquitas tenían árboles. Respecto a sus frutos, si existían, debían ser el almuédano y el resto de los servidores de la mezquita quienes los recogieran. Otros alfaquíes, al contrario, reclamaban el derecho de todos los fieles a disfrutar de esos frutos porque éstos nacían de Dios.

En la Mezquita aljama de Córdoba se sabe de la existencia de palmeras en el patio poco después de la conquista de la ciudad. Hoy día, y gracias a plantaciones sucesivas a lo largo de los siglos, el patio cordobés posee una gran cantidad de naranjos, cipreses, cinamomos y palmeras. Aunque no se tengan documentados, lo probable es que, al menos tras la ampliación del patio por el califa Abd al-Rahman III (s. X), también se plantasen naranjos o limoneros, los árboles citados con más frecuencia en los patios de las mezquitas andalusíes. En todo caso su número sería mucho menor que en la actualidad, porque hay que tener en cuenta que el patio era también un espacio destinado a la oración, sobre todo en la masiva congregación de fieles en la plegaria de los viernes a mediodía. No obstante, los autores árabes sólo hablan muy ocasionalmente de los árboles de las mezquitas.

Jerónimo Münzer, el viajero alemán que recorre España hacia 1495, poco después de la conquista de Granada, describe los jardines del patio de algunas mezquitas andaluzas. Desconocemos su disposición, pero la mención por parte de Münzer de la palabra jardín hace sospechar que se trataba de algo más que de árboles plantados en un patio.

De la mezquita mayor de Almería dice: En el centro de la mezquita mayor hay un amplio jardín plantado de limoneros y de otros árboles, enlosado de mármol, y en medio de él la fuente en donde los fieles se lavan antes de entrar al templo. Respecto a la que llama «vasta mezquita» de Sevilla, dice que su jardín estaba plantado de cidros, limoneros, naranjos, cipreses y palmeras; el de la aljama del Albaicín de Granada estaba plantado de limoneros. También tenían jardín las pequeñas mezquitas de barrio de Granada, como la de San José, que poseía un enorme olivo cargado de aceitunas. Las mezquitas en uso en Argelia y Marruecos todavía tienen árboles plantados en sus patios.

Las mezquitas, fuera de las horas canónicas de oración, eran lugares de descanso, meditación y oración para los ciudadanos, que podían frecuentar sus naves o su patio a cualquier hora del día. Se trataba del espacio público más importante de las ciudades islámicas y en ese sentido el jardín de las mezquitas se puede considerar también un jardín público abierto a todo el mundo, un jardín de refugio como el que cita el Corán

Un jardín que quizá recordara aquél que recibirán los musulmanes en recompensa por su fe y sus buenas obras, el jardín del Paraíso, tal y como se podía leer en las inscripciones que decoran la macsura y el mihrab de la propia mezquita mayor cordobesa .

¡No temáis ni estéis tristes! ¡Regocijaos, más bien, por el Jardín que se os había prometido!
© Instituto Cervantes (España), 2004-2010. Reservados todos los derechos.


Veamos por ejemplo los naranjos, que desde finales del siglo XVI( hay algunos historiadores que opinan que los primeros naranjos del patio fueron traidos por los cruzados desde Jerusalen) dan nombre al recinto: suman hoy 96, organizados en tres cuadros, con sus alcorques circulares intercomunicados por acequias rectilíneas trazadas en el suelo empedrado, que en primavera inundan el patio con el desmesurado aroma del azahar. Entre los naranjos, esbeltos cipreses apuntan al cielo, mientras los penachos de las escasas palmeras, suavemente mecidos por la brisa, acentúan la nota de exotismo oriental.

Se trata de un recinto cerrado de 130 metros de largo por 50 de ancho que está dividido en tres partes, cada una de ellas con un surtidor en el centro. Además, en el interior del Patio se sitúan la Fuente de Santa María o del Caño del Olivo y la Fuente del Cinamomo.

En sus muros de cierre, pero por el exterior, se encuentran las fuentes del Caño Gordo y la de Santa Catalina, además del Arca del Agua.

Bajo la zona correspondiente a la ampliación de Almanzor, se halla un gran aljibe cuya construcción se remonta al siglo X.

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